miércoles, 25 de noviembre de 2020

 

COLABORACIÓN

ARMAS DE DOBLE FILO


   

 Antonio Sanz Llergo / aficionado, expresidente de la Federación Taurina de Córdoba.

Se usa este dicho popular como parangón de algo que por un lado nos  beneficia y otro nos perjudica.

Este es el efecto que puede producir las indiscriminadas retransmisiones de festejos taurinos. Es decir, por una parte es totalmente positivo la divulgación de nuestra Fiesta Nacional, a la vez que su ilustración que realizan sobre ella los comentarios que realizan los profesionales sobre el desarrollo de la lidia.

El lado negativo puede estar en la masividad con que se produzcan, pues sabido es que, lo que se prodiga con desmedido exceso puede redundar en monotonía, jactancia y desinterés. Además también repercute negativamente en la concurrencia a las taquillas, que al fin y al cabo son el tente en pie de la Fiesta. Es de  comprender, que cuando se anuncia un cartel que estamos saturados de ver en TV, es normal que no se  sienta ilusionado en acudir, tanto más, cuando ha de “rascarse” el bolsillo.  

Naturalmente hay que sacar de este contexto a las ferias de Madrid,  Sevilla y Pamplona, que no han de ser el paradigma, ya que están apoyadas en movimiento social y turístico, sin embargo, en temporada normal no suelen cubrir su aforo, como el resto de plazas.

Soy yo el primero en agradecer el interés de la  TV de pago de retomar los festejos taurinos, pero claro, a mi será difícil hartarme de ver toros. Pero hay que meterse en la piel de los demás y comprender que tal saturación puede ser nociva y producir el  efecto no deseado. Claro que, alguien va a pensar que existe el canal fútbol y los estadios se llenan.  Ya hemos analizado anteriormente este fenómeno, llegando a la conclusión de que el éxito de este espectáculo está propiciado por ser competitivo donde se produce un vencedor y un vencido,   determinado numéricamente por los goles conseguidos. Esto es lo que enardece a las masas, que sufren o disfrutan según resultado de su equipo preferido.

Por lo contrario esto no existe  en el toreo, donde vamos a contemplar  una actuación entre un animal y un hombre, que mediante la emoción que produce el eminente peligro, se crea una manifestación artística plena de pureza, elegancia y tecnicismo que demuestra la supremacía de la inteligencia humana sobre la fiereza y fuerza de ese bello animal que es el toro. Para los que sentimos la Fiesta nos basta con contemplar dicha maravilla, sin que nuestras pretensiones vayan más allá de concursos, si no, valorar la profesionalidad y pundonor  de los actuantes.

Me reafirmo en el lado positivo de las retransmisiones taurinas, pero si quiero fomentar el acudir a la plaza a ver este gran espectáculo, ya que, no tiene nada que ver el ambiente que se vive, el olor a albero recién regado, el mormullo de comentarios, y porque no, la música con interpretaciones tan española como es el pasodoble. Todo ello constituye un gozo indescriptible que debe ser probado.

 Por las circunstancias que en la actualidad acontecen, me lleva a pensar que, la continuidad más inmediata de la Fiesta de los Toros, está precisamente en retransmisiones taurinas. Las noticias que nos llegan del control de la pandemia no son, ni mucho menos optimistas. Por lo tanto se ve bien lejana la normalidad y aun llegada esta, se presiente ciertas dificultades en poner en práctica los festejos, ya que las aglomeraciones de personas en un tendido no es aconsejable. Con estos argumentos y ante la triste realidad de que las ferias aplazadas no han podido celebrarse, como hubiera sido el deseo de los aficionados, es por lo que pienso que la continuidad de la Fiesta estaría, momentáneamente, en las mencionadas retransmisiones, rellenando así el vacío que para nada es aconsejable, pero con el denominador común de salvar nuestra Fiesta Nacional.

Todos los aficionados hemos visto con buenos ojos la retransmisión de corridas de toros al final de esta atípica temporada para que esta no pasara en blanco. Y se ha podido llevar a cabo gracias al esfuerzo de todos, porque para la consecución de esto, es preciso el consenso de todas les partes implicadas en los festejos taurinos, canales de TV, toreros (matadores y subalternos), ganaderos, empresario, apoderados etc… Y muy importante la flexibilidad de la administración. Todos salvando las razones económicas, pero con un denominador común que es salvar nuestra Fiesta Nacional. Todo sea por ella.

  

 

 

 

 

 

 


 [asl1]

No hay comentarios:

Publicar un comentario